El VI Simposio internacional san Josemaría, con el lema “El trabajo como servicio”, ha reunido en el recinto ferial de Jaén, el 16 y el 17 de noviembre, a unas quinientas personas. Además, se ha podido seguir en directo por internet.

En el acto inaugural, tras un saludo del alcalde de Jaén, José Enrique Fernández de Moya, tomó la palabra el economista Antonio Argandoña, profesor del IESE de Barcelona. Reflexionó sobre el trasfondo ético de la actual crisis económica, que él considera necesario poner en relación con los presupuestos morales de una sociedad que tiene por valores el individualismo, el emotivismo, el consumismo y el relativismo, y que ha convertido los problemas económicos y políticos en una cuestión meramente técnica.

Una problemática que estuvo muy presente en el simposio es la de la conciliación entre vida familiar y laboral. María Calvo, profesora titular de la Universidad Carlos III, presentó una ponencia sobre este tema que fue seguida con gran interés.

No faltaron mesas redondas en las que personas que trabajan en diversos campos —una actriz de televisión, una barrendera, un productor de cine, un torero, una enfermera, un deportista, etc.— expusieron sus experiencias sobre la dimensión de servicio de la actividad laboral a la luz de las enseñanzas de san Josemaría. La sesión de clausura corrió a cargo del Rev. teólogo Pedro Rodríguez, profesor de la Universidad de Navarra.

La urgencia de repensar el trabajo, para evitar que deshumanice, sea precario y no tenga reconocimiento, es una de las conclusiones del VI Simposio «El trabajo como servicio» celebrado este fin de semana en Jaén, y en el que quince expertos analizaron «el derecho universal al trabajo», según las enseñanzas de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Los expertos hicieron autocrítica sobre conductas previas a la crisis, ya que «hemos aplaudido la codicia», «hemos unido el éxito al consumo», «nos sentimos autónomos en la ética, somos emotivos y hemos buscado lo inmediato, sin responsabilidad». Sin embargo, señalaron que «la crisis sólo se remontará con una sociedad con valores, con una solidaridad que es virtud y no sentimiento».

Una de las conclusiones recuerda que «la dignidad de la persona no se cuida cuando sólo preocupa que el parado cobre el subsidio para que siga consumiendo». Insistieron también en que el trabajo «no es una mercancía intercambiable», ni una carga de algo que hay que hacer para ganarse la vida, ya que «tiene un sentido más profundo y enriquecedor, y es el medio natural para encontrar a Dios y ennoblecer las motivaciones».

El VI Simposio destacó «la igual dignidad del trabajo sea cual sea, desempeñado con profesionalidad y cualificación creciente, como vehículo de construcción social y de ayuda a los demás, a los que hay que conocer, comprender y tratar con cercanía y afecto».

Los expertos se refirieron a las palabras de san Josemaría Escrivá -para servir, servir-, ya que para servir, para prestar un servicio «tenemos que cualificarnos y así estar en condiciones de ser útiles», sin olvidar «la necesidad del prestigio», que es una consecuencia de un trabajo bien hecho y no el resultado de una búsqueda estratégica y artera.

Por último, se afirmó la necesidad de » defender la primacía de la dignidad de cada persona, que se maltrata por un utilitarismo abusivo en la dinámica de algunas empresas y gobernantes», cuando entre otros casos se quiere «disponer rápidamente de personas útiles a la dinámica de las empresas y del capitalismo».

El VI Simposio contó con la participación y testimonios de varios parados, que agradecieron la ayuda de Cáritas y los bancos de alimentos, así como de muchos particulares que ayudan desde el anonimato, lo que «evidencia una solidaridad grande por parte de los que menos tienen» y que en momentos tan duros supone «un alivio enorme de cercanía, afecto y ayuda concreta».